
En cuanto a las herramientas nos armaremos de una paqueña azada, una palita, unos plantadores de bulbos y un rastrillo pequeño. La tierra, bien sea de maceta bien de jardín, debe tener una buena cantidad de minerales con un diámetro dos o tres veces mayor de la medida del bulbo para su mejor acomodo, además de una profundidad entre seis y veinte centímetros dependiendo de lo que será el tamaño de la planta ya madura.
El bulbo se coloca con la parte plana hacia abajo y allí, debemos colocar una cantidad grande de sustrato mineral y el terreno que no sea muy pesado para facilitar su drenaje.
La tierra debe ser fértil y el abono granulado o líquido, no más de una vez al año y bajo en hidrógeno, directamente al suelo.

El riego del bulbo no debe ser excesivo, con atención a no mojar la flor. La planta puede permanecer dos o tres años en las condiciones recomendadas en la tierra, después hay que retirarla definitivamente.

Pero si lo que queremos es retirar el bulbo regularmente, lo haremos dos o tres semanas después de la floración que es cuando el tallo y las hojas están secos. Hay que guardar el bulbo en cajas de cartón, en lugar seco y oscuro hasta la próxima plantación.






